Qué hacer si mi hijo adolescente no quiere ir al psicólogo.

Qué hacer si mi hijo adolescente no quiere ir al psicólogo.

Por mi experiencia trabajando con adolescentes en mi consulta en Málaga, puedo decir que ir al psicólogo resulta un paso difícil incluso para los adultos, cuanto más en el caso de los adolescentes. El estigma y los falsos mitos que tenemos sobre los psicólogos y la psicología impiden que muchos de nosotros levantemos el teléfono y pidamos una cita. Además, la terapia es en sí un proceso duro a veces. A menudo, tenemos que afrontar desafíos difíciles, cambiar patrones de conducta poco saludables y aprender nuevas habilidades. Entonces, no es sorprendente que a los adolescentes les cueste acudir a un psicólogo.

Puede que te esté resultando difícil convencer o alentar a tu hijo/a adolescente para que acceda ir al psicólogo. De hecho, este es un problema muy frecuente para muchos padres y madres de adolescentes que afrontan diferentes dificultades, desde ansiedad hasta depresión, aislamiento social o acoso escolar. No es suficiente con que el/la adolescente esté sufriendo, ni con que sea evidente para todas las personas de alrededor que necesita ayuda. Lo realmente importante es que el/la adolescente quiera mejorar y que esté dispuesto/a a trabajar con un psicólogo para solucionar su problema. Digamos que para que el tratamiento funcione, el/la adolescente tiene que comprarlo, o al menos tiene que estar dispuesto/a a pagar algo.

Las razones más comunes de por qué los/as adolescentes rechazan acudir al psicólogo son:

  • Piensa que no necesita ayuda.
  • Le preocupa el rechazo y el prejuicio que el psicólogo puede hacer sobre él/ella.
  • Es posible que sienta ansiedad por hablar con un extraño sobre lo que le pasa, sus pensamientos y sentimientos.
  • Puede percibirlo como un castigo.
  • Teme por la confidencialidad de lo que cuente al psicólogo.
  • No cree que la terapia vaya a funcionar.
  • Ya ha probado a ir a un psicólogo y no le ha gustado.
  • Piensa que pedir ayuda es vergonzoso.
  • Se siente a la defensiva.
  • No tiene esperanza de que su problema se vaya a solucionar.

Comprender la razón o las razones por las cuáles tu hijo/a no quiere ir al psicólogo, te ayudará a adaptar tu respuesta y saber qué hacer ante esta situación.

Por ejemplo, si el rechazo de tu hijo/a adolescente está motivado, al menos en parte, porque le preocupa el rechazo y el prejuicio que el psicólogo puede hacer sobre él/ella, puedes decirle que no hay nada malo en él o ella, y que no le estás animando a ir a un psicólogo para “arreglar” ningún defecto que tenga. Es mucho más adecuado, explicarle que la terapia puede ser un lugar en el cual puede hablar sobre las muchas decisiones importantes y estresantes a las que se enfrenta a diario.

La confidencialidad es importante para todos, y tal vez, especialmente para los/as adolescentes. Los/as adolescentes, muy a menudo se resisten a ir a terapia porque no quieren que sus padres y madres lo sepan todo sobre sus vidas. Además, los/as adolescentes tampoco quieren sentir que su padre y madre, y el terapeuta se están uniendo contra ellos/as. Hazle saber a tu hijo/a que las sesiones de psicología son un lugar privado y que las conversaciones entre el psicólogo y los pacientes son confidenciales. El psicólogo no es una extensión de los padres, hazle saber que es imparcial y objetivo.

Además, si bien es cierto que los/as adolescentes no siempre son los mejores para juzgar lo que necesitan, es esencial que los padres y madres les deis la oportunidad de explicar cómo se sienten, y luego dar una respuesta adaptada.

¿Qué hacer si tu hijo/a adolescente no quiere ir al psicólogo? Algunas estrategias que puedes poner en marcha.

  1. Enfocar la ayuda psicológica de manera diferente.

La forma en la que enfoques el tratamiento es importante. A veces, existe un sesgo injusto a la hora de obtener ayuda para tratar problemas de salud mental. Las personas acuden al psicólogo por la misma razón por la que acuden a sus otros doctores, quieren sentirse mejor.

Puedes explicarle a tu hijo/a la terapia como si del trabajo de un entrenador se tratara: “Si estás jugando a baloncesto, vas a tener un entrenador de baloncesto. Incluso los jugadores de baloncesto profesionales necesitan entrenadores para aprender nuevas estrategias, ejercitar nuevas habilidades y pensar en diferentes formas de ganar partidos. Tu puedes hacer terapia para aprender estas habilidades y practicarlas una y otra vez, y cuando las hayas adquirido y entrenado, ya no necesitarás al entrenador”.

Tal y como yo trabajo con los/as adolescentes, el padre y la madre acuden solos a algunas sesiones, esto ayuda a que el/la adolescente no se ponga tan a la defensiva, porque ya no se ve identificado como el único paciente o como el foco del problema, toda la familia está trabajando en este tema.

  1. Pon el foco en las prioridades y objetivos de tu hijo/a adolescente.

Es frecuente, que los/as adolescentes no estén de acuerdo en que tengan un problema o piensen que su dificultad es una parte de ellos/as que no pueden o no deben cambiar.

Cuando los/as adolescentes piensan que no pueden mejorar, puede tratarse de un síntoma. Por ejemplo, cuando están deprimidos, su forma de pensar se ve afectada, por lo que es posible que no puedan imaginarse sintiéndose mejor.

Cuando los/as adolescentes creen que no tienen un problema o tienen dudas sobre lo que el tratamiento puede hacer por ellos/as, puede ser una buena idea comenzar preguntándole al adolescente qué quiere obtener de la terapia y cuáles son sus objetivos. Es decir, pondremos la atención en lo que él/ella quiere conseguir, no en lo que nosotros queremos conseguir. Si nos focalizamos en sus prioridades, es más probable que logremos aceptación hacia la terapia. Podríamos plantearles preguntas como: ¿Qué te gustaría conseguir en esta etapa de tu vida? ¿Qué tipo de cosas te gustaría poder mejorar?

  1. Encuentra al psicólogo adecuado para tu hijo/a adolescente.

Es importante encontrar un psicólogo que sea compatible con la personalidad y forma de ser de tu hijo/a. Si no le gusta o no respeta a la persona con la que está trabajando, no va a ser una buena opción para él/ella. A veces, es necesario buscar durante un tiempo hasta dar con el profesional adecuado y aunque, esto puede resultarte frustrante, merecerá la pena. Si tu hijo/hija adolescente ya ha trabajado con un psicólogo antes y no le ayudó o no le gustó, puedes preguntarle por qué cree que no funcionó. Por ejemplo, ¿qué es lo que te gustó del psicólogo? y ¿qué es lo que no te gustó del psicólogo? Podéis tener en mente las cualidades positivas, y buscar juntos a un profesional que tenga más de las cualidades positivas.

Además, a los/as adolescentes les gusta formar parte del proceso de decisión. Por esto mismo, puede ser una buena idea buscar a dos o tres psicólogos y decirle que puede elegir al que más le guste. Sentirse dueños/as de su propio tratamiento, pues les da sensación de control y es importante para los/as adolescentes, y ayuda a preparar el escenario para una terapia efectiva.

  1. No te rindas y sigue adelante.

Si tu hijo/a te dice que no la primera vez que hablas con él/ella sobre ir al psicólogo, puedes dejar pasar un tiempo y volver a planteárselo más adelante. Prueba a usar las estrategias que te he propuesto anteriormente.

Siempre será necesario y recomendable hacer un esfuerzo por escuchar cómo se siente tu hijo/a y qué cree que necesita. Las cosas importantes generalmente no se resuelven en una conversación. El progreso tiende a venir gradualmente.

No pierdas de vista que intentando obligar a tu hijo/a a acudir al psicólogo, no conseguirías nada. Puedes darle la opción de probar, ofreciéndole distintas alternativas. Si tu hijo no quiere ir a ver a un psicólogo, también puedes hablar con el psicólogo que hayas elegido y preguntarle cómo maneja este tipo de situaciones y qué hacer si tu hijo/a adolescente no quiere ir al psicólogo.

A veces, puede ser necesario hacer la sesión con el/la adolescente fuera de la consulta, tomando un café o dando un paseo. Desde luego, no es lo idóneo, pero en algunos casos es la forma de iniciar la terapia. Muchas veces, es cuestión de darle tiempo y aguantar de la mejor manera posible la frustración que nos genera el que no quiera ir a visitar a un psicólogo, por mucho que lo necesite.

Si tu hijo/a acepta finalmente ir a ver a un psicólogo, has ayudado a tu hijo/a a alcanzar su propio éxito. Las acciones que los/as adolescentes hacen, hablan más que sus propias palabras. Por lo tanto, si tu hijo/a adolescente continúa asistiendo a terapia, sus acciones están hablando, y verás un crecimiento positivo en él/ella. Es importante, que como padre o madre reconozcas ese crecimiento y animes a tu hijo/a a seguir con la terapia.

Si quieres recibir ayuda profesional con tu hijo/a adolescente, puedes ponerte en contacto conmigo a través de mi página de Contacto.

 

Recuerda, incluso las personas adultas nos sentimos reacios a la hora de acudir al psicólogo.