Terapia para Adultos

La Terapia con Adultos está orientada a ayudarte a identificar aquello que te preocupa y dificulta tu bienestar. Lo analizamos juntos y trabajamos las habilidades necesarias para poder afrontarlo.

La terapia se estructura con una primera fase de evaluación que nos ayuda a comprender bien tu situación y cómo ayudarte, una segunda fase de devolución de la información en la que confirmamos haber entendido bien tus necesidades y te planteamos un tratamiento, y la fase del tratamiento propiamente dicho, en las que aplicamos las técnicas para poder lidiar con tu malestar.

Se recomienda que la frecuencia de las sesiones sea semanal, pero adapto el tratamiento a tus necesidades, espaciándolas en base a ti.

Si tienes más dudas no olvides leer las cuestiones que se plantean en el apartado Dudas y Preguntas.

¿Cuál es tu problema?

Tristeza y Depresión

El estado de ánimo deprimido es una de las situaciones de malestar psicológico más frecuentes y con más demanda en consulta. Se caracteriza fundamentalmente por sentimientos de tristeza y pérdida de interés por las cosas que antes nos resultaban agradables. Estos sentimientos pueden llegar a influir enormemente en la vida de la persona que los sufre.

Los tipos de trastornos del estado de ánimo más frecuentes son:

  • Depresión grave / estado de ánimo deprimido o irritable o una marcada disminución en el interés o placer por las actividades habituales.
  • Trastorno distímico o distimia: que es un trastorno afectivo caracterizado por la baja autoestima y aparición de un estado de ánimo melancólico, triste y apático.
  • Trastorno bipolar (síndrome maníaco depresivo) / episodios maníacos (período de euforia), generalmente intercalados con períodos de depresión.
  • Trastorno del estado de ánimo debido a una afección médica general: muchas enfermedades médicas pueden desencadenar síntomas de depresión.

Las causas de que padezcamos estos trastornos del estado de ánimo no se conocen con precisión. Unas sustancias químicas del cerebro, llamadas neurotransmisores, regulan aquellas sustancias que afectan el estado de ánimo. Es muy probable que la depresión (y otros trastornos del estado de ánimo) sea causada por un desequilibrio químico en el cerebro.

Otras causas pueden ser los acontecimientos de la vida (como los cambios no deseados) que también pueden ayudar a causar esta problemática. A veces, los problemas cotidianos pueden desencadenar un episodio de depresión.

La psicoterapia en estos casos proporciona un tratamiento seguro y eficaz con efectos duraderos en el tiempo que pueden dar lugar a un mejor estado de ánimo, aumento de la energía, una mejora en el rendimiento laboral, relaciones más satisfactorias, y un mejor funcionamiento en otras áreas de la vida que se ven negativamente afectados por estos estados de ánimo depresivos.

Dificultad en las Relaciones Sociales

Las relaciones sociales constituyen una de las partes más importantes de nuestra vida. Constantemente estamos interactuando con otras personas de nuestro entorno, ya sea en nuestro lugar de trabajo, de estudios, nuestros ratos de ocio o dentro de nuestra propia familia. Podemos decir que existe una relación directa entre el sentimiento de felicidad y las interacciones interpersonales.

Cuando hablo de las relaciones sociales es inevitable mención la asertividad y este caso me gusta citar a Caballo (1986): “La conducta socialmente habilidosa es ese conjunto de conductas emitidas por un individuo en un contexto interpersonal que expresa los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de ese individuo de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás, y que generalmente resuelve los problemas inmediatos de la situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas.”

La asertividad, como cualquier otra habilidad humana, puede aprenderse, entrenarse y mejorarse. Se trata de un entrenamiento de demostrada eficacia para otras problemáticas como la depresión, ansiedad o el estrés.

Relacionarnos con los demás es aun proceso continuo de aprendizaje durante toda la vida, aunque bien es cierto que es en la infancia cuando aprendemos en mayor medida a relacionarnos con los demás.

Duelo

Podemos definir el duelo como el conjunto de emociones, pensamientos y conductas que aparecen ante la pérdida de algo (un trabajo, el hogar por causa extrema como incendio, etc…) o alguien que nos es querido, también puede ocurrir con la pérdida de nuestra mascota; se trata de una respuesta normal y de adaptación del ser humano ante una pérdida importante.

El proceso de duelo normal puede oscilar entre seis meses y un año, y pasa por diversas fases, pero algunos signos y síntomas pueden persistir mucho más y es posible que algunos sentimientos, conductas y síntomas relacionados con el duelo persistan durante toda la vida.

Por lo general, los síntomas agudos del duelo se van suavizando a partir del primer mes posterior a la pérdida, a partir del cual, y de manera progresiva, la persona vuelve a reestablecer la normalidad como ser capaz de dormir, comer y realizar sus actividades cotidianas. Esto siempre estará condicionado, por las circunstancias que rodeen al fallecimiento. Un indicador que el duelo ha terminado es hablar de la persona fallecida sin dolor.

Pero en ocasiones el duelo se puede volver patológico. Esto sucede cuando hay ausencia de duelo o retraso en su aparición, o cuando hay un duelo excesivamente intenso y duradero. En estos casos, es aconsejable acudir a un especialista para recibir tratamiento psicológico.

Ansiedad y Estrés

La ansiedad y el estrés son una respuesta normal que sucede en la vida de las personas, que surge como respuesta a determinados acontecimientos de la vida, pudiendo ser más o menos intensa, y cuyos síntomas nos prepara para la huida.

Es una sensación que seguro hemos experimenta el mundo, pero que afectará más a unas personas que a otras dependiendo de varias características y circunstancias como puede ser el carácter de la persona. Por regla general es necesaria y buena para adaptarse a los problemas de la vida y superarlos o, pero en otras ocasiones puede ser todo lo contrario: perjudicial e inadaptada.

Cuando nos sentimos ansiosos, inquietos o angustiados tendemos a buscar una explicación que justifique ese estado en algo que nos ha pasado o nos está ocurriendo en ese momento o que esperamos que suceda.

Sin embargo, hemos de tener claro que la respuesta depende de cómo vivimos esa situación, es decir, de cómo la interpretamos, más que del estímulo en sí mismo, es decir, la ansiedad puede ser respuesta a algo, pero también puede surgir dentro de nosotros mismos, como en el caso de una respuesta de ansiedad a los propios pensamientos.

Ese estado de inquietud, desasosiego y/o nerviosismo es aún más molesto y angustioso que cuando es algo concreto lo que motiva nuestra respuesta de ansiedad.

Cuando la ansiedad como tal es una respuesta psico-fisiológica a algo que nos sucede, el hecho de sentirla supone que nos interesamos por el problema, tratamos de resolverlo, nos preparamos para ello, etc…, pero cuando la ansiedad dificulta el rendimiento, entonces empieza a ser perjudicial, provocando sufrimiento dificultando la resolución de los problemas.

La ansiedad es un fenómeno que manifiesta tanto a nivel cognitivo (los pensamientos que acompañan), como fisiológico (la respuesta del organismo: respiración agitada, pulsaciones aceleradas).

Los síntomas por los cuales acudir al psicólogo en estos casos resulta necesario son:

  • Tener sensaciones de pánico, como vértigo, respiración rápida o latidos cardíacos acelerados.
  • Si se ha llegado a sufrir ataques o crisis de pánico.
  • Presentar dificultades para trabajar o desenvolverse en casa o en el trabajo.
  • Tener miedos que creemos no poder controlar.
  • Recurrir constantemente a recuerdos de un evento traumático.

Cuando estos sentimientos suceden con frecuencia, una persona puede tener un trastorno de ansiedad. Otros problemas que pueden incluir estrés son:

  • Trastorno obsesivo-compulsivo.
  • Trastorno de pánico.
  • Trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Trastornos de la personalidad

Los trastornos de personalidad se caracterizan por patrones de percepción, reacción y relación que son relativamente fijos, inflexibles y socialmente considerados desadaptados en la persona y que se manifiestan en una gran variedad de situaciones.

Se denomina así a los comportamientos, emociones y pensamientos prolongados de una persona cuando son muy diferentes a las expectativas de su cultura y pueden causar serios problemas con las relaciones interpersonales y el trabajo.

Los trastornos de la personalidad se pueden clasificar en los siguientes tipos:

  • Trastorno de la personalidad antisocial.
  • Trastorno de la personalidad por evitación.
  • Trastorno límite de la personalidad.
  • Trastorno de la personalidad dependiente.
  • Trastorno histriónico de la personalidad.
  • Trastorno narcisista de la personalidad.
  • Trastorno de la personalidad obsesivo-compulsiva.
  • Trastorno de la personalidad paranoica.
  • Trastorno esquizoide de la personalidad.
  • Trastorno de la personalidad esquizotípica.

La mayor parte de las personas con un trastorno de la personalidad no son conscientes de que lo padecen y por lo tanto no sienten la necesidad de tratamiento. Probablemente por esta razón, suelen acudir a la consulta acompañadas de otra persona o tienden a buscar ayuda una vez que su comportamiento ha causado problemas graves en sus relaciones personales o en sus trabajos.

A menudo puede resultar útil y esencial la implicación de la familia de la persona afectada, puesto que la presión del grupo puede ser eficaz.

Sin embargo, la terapia psicológica a medio y largo plazo con el objetivo de ayudar a la persona a comprender el origen y la causa de su ansiedad y a reconocer su comportamiento desadaptado, es la clave de la mayoría de los tratamientos con estas personas.

Bienestar y Crecimiento Personal

El bienestar y la felicidad es un estado emocional que se puede aprender y entrenar. Muchas personas, no importa de qué edad, estatus social, etc. están muy necesitadas de ello, ya que una deficiencia de los mismos, puede inducir tristeza y depresión, así como la incapacidad de poder generarse metas a corto, medio y largo plazo para la consecución de sus objetivos. Todo esto puede crear malestar, que se trasmite a las personas allegadas creando un clima emocional de negatividad que puede llegar a ser tóxico y desadaptativo. Pero esto se puede transformar a través del aprendizaje y la puesta en práctica de competencias emocionales.

  • Programa para mejora de la autoestima: La autoestima es un concepto global y bastante complejo que resulta difícil de definir. La podríamos definir como el grado en que uno/a se gusta a sí mismo/a, se valora y/o se quiere. Frecuentemente se confunde con el autoconcepto, que se compone de las cogniciones (pensamientos) o ideas que tenemos sobre nosotros, y que forma parte de la autoestima. La autoestima incluye además las valoraciones que hacemos sobre nosotros, la autoconfianza, o confianza en la capacidad propia para lograr metas específicas, y los sentimientos que nos dirigimos, que pueden ser de amor y aprecio, o, por el contrario, de autorechazo. Por este motivo es posible, aunque no frecuente, que una persona tenga un buen autoconcepto y, sin embargo, sienta baja autoestima.Una autoestima baja puede tener múltiples causas y se puede expresar en multitud de aspectos, que varían en relación a cada persona (perfeccionismo, autoexigencia, dificultades para relacionarse, evitación existencial, soberbia o autoestima “inflada”, síntomas depresivos y/o de ansiedad, inseguridad, dificultad para tomar decisiones, frecuentes emociones negativas como culpa, vergüenza, ira o tristeza, distorsión de la imagen corporal, dificultad para adaptarse a los cambios, etc…).La formación de la autoestima se inicia en la infancia, a través el amor, la valoración y validación que se recibe de las figuras significativas y/o de apego. Se podría decir que aprendemos a querernos en base a cómo hemos sido queridos. Otras relaciones significativas en la construcción de la autoestima son las del grupo de iguales, amigos, compañeros de colegio, etc…El proceso de construcción de la autoestima dura toda la vida y, aunque tiende a ser estable, se va modificando en función de las experiencias y vivencias que vamos experimentando. En este sentido, una crisis personal puede ser una oportunidad de crecimiento y mejora de la autoestima, si se afronta adecuadamente.Para mejorar la autoestima normalmente es necesaria una psicoterapia profunda, en la que se comprendan los orígenes de la baja autoestima, se amplíe el autoconocimiento y se vayan desarrollando y adquiriendo nuevas conductas, pensamientos y actitudes.Nadie puede dejar de pensar en uno mismo y de evaluarse, en consecuencia, todos desarrollamos una autoestima alta o baja que afecta a nuestra personalidad. Una buena salud mental requiere una visión realista y positiva que nos permita descubrir nuestros recursos personales, para apreciarlos y utilizarlos debidamente, así como nuestras deficiencias para aceptarlas y superarlas en la medida de nuestras posibilidades.
  • Imagen corporal: La representación mental de nuestro cuerpo y cómo pensamos que lo ven los demás constituyen una parte importante de la autoestima, especialmente en los cambios de ciclo vital (adolescencia, adultez, menopausia o andropausia). Estos pensamientos, junto al valor que se le dé a la apariencia, pueden afectar a nuestras relaciones interpersonales y cómo nos sentimos con nosotros mismos, llegando incluso a potenciar o desarrolla otras patologías como los Trastornos de la Conducta Alimentaria.
  • Relajación: La utilidad de la relajación radica en que conduce a la consecución de un estado de reducción de la activación general del organismo, con lo que esto supone de beneficio, tanto a nivel subjetivo, puesto que resulta placentero, como en lo que respecta a la propia salud física y psicológica. De hecho, en muchos trastornos y enfermedades está implicado como uno de los factores responsables un exceso de activación (trastornos cardiovasculares, disfunciones gastrointestinales, fobias, etc…). En estos casos, la práctica de la relajación no solamente resulta útil, sino que suele estar presente en las propias sesiones.
  • Higiene del sueño: El sueño es una función orgánica imprescindible para la salud; sin embargo, no se trata sólo de dormir, es necesario que el descanso sea de calidad y un número suficiente de horas. Al igual que otras funciones fisiológicas básicas, esta puede alterarse por factores de nuestra conducta y ambiente que pueden interferir negativamente en él.
  • Desarrollo Personal: En muchas ocasiones nos sentimos estancados en nuestro trabajo, con la pareja, con nosotros mismos… tenemos la sensación de no avanzar y de que estamos metidos en un bucle del que no sabemos salir, que hace llevemos una vida que no queremos. Con las herramientas que nos ofrece el coaching daremos solución a esta situación, proponiendo un cambio de vida encaminado a conseguir lo que realmente queremos en nuestra vida, trazando un plan de acción para llegar a nuestro objetivo.